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1. Fue resultado de un complejo proceso (no de un florero) Ya es hora de “saldar cuentas” con la historia. En el caso de Colombia, es hora de decir que no se puede seguir dando énfasis solamente al episodio de una querella por un florero en Bogotá, así haya sido el que desató la campaña militar libertadora. La historia como ciencia social ha avanzado lo suficiente como para señalar la complejidad del proceso de independencia, el cual abarcó a muchos países latinoamericanos en el siglo 19. Sus orígenes están en la resistencia de los pueblos indígenas americanos contra la conquista y la colonización desatadas por las potencias europeas (España, Inglaterra, Holanda, Portugal). Algunas de estas acciones de resistencia, muy olvidadas en Colombia, son las que se dieron en Urabá, desde 1502, dirigidas por caciques de origen Tule; en el N del departamento de Antioquia por parte de los pueblos de Ibejiko, Guama, Peki, Ituango, Teko y otros (desde 1537 hasta fines del siglo 16; en Punchiná y otros lugares del S.E. de Antioquia (1550). Por su parte, a lo largo de América se daría la resistencia de los negros, secuestrados y traídos forzosamente a América como esclavos; en su lucha muchos huirían en calidad de “cimarrones” y construirían los palenques. 2. Se silenció a los vencidos (y se exaltó a los “vencedores”) A pesar de que somos una extraña mezcla de los vencidos y los vencedores, se recobró con ahínco la memoria de los vencedores, pasando por alto la carga simbólica que esto tiene en el caso de unos personajes responsables de crímenes atroces, así fuese en un contexto de servicio a un rey. Hoy sus nombres, sin examen crítico alguno, marcan pueblos, barrios y lugares, mientras queda en el vacío la pregunta por sus aportes a la humanidad. Han quedado sumidos en el olvido los nombres de cientos de seres humanos que padecieron los atropellos, entre ellos los caciques indígenas. Por ejemplo, en Urabá destacan Evecaba, Titiriavaqui, Okurome, Tirufi. En las tierras de Guaka (tigre) están Utibará y Kinunchú, hijos de Anunaibe; Tuatoque y Tateepe, quemado vivo por orden de Badillo. En el valle de Peki, Zuzamburruku (murió en 1541); en Penderisco, Toné (1566). En Peki, Sinago, con sus hijos Yutengo y Aramé y sus aliados. En el valle de Norisko, los hermanos Bayakima y Takujurango. En Nori, Agrazava, quien estableció cultivos para los aliados. En las fuentes del río Sinú, Tirrome. En el N de Antioquia, Pedro Katía, máximo jefe aliado (mediados del siglo 16). En el centro de Antioquia, Guarkama, Ubaná, Kuerkia, Oceta, Omogá y Kimé, quien mató a Valdivia. En el occidente, Sobce, un profeta indígena de fines del siglo 16 que invitó a los suyos a huir a los montes. |